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Blog de la Revista de los Lunáticos

Historia de una ciudad

Paseo de La Concha

 

Ser o no ser donostiarra. Esa es la cuestión —diría Shakespeare si hubiera nacido en San Sebastián. No, no soy de Bilbao pero comparto sentido del humor.

Hoy me apetece hablar sobre la ciudad que me vio nacer y me alberga actualmente. Quisiera darte a conocer mi “txoko”, mi rincón, a ti, que no lo has  visitado todavía. Quién sabe, quizás descubra algún detalle que te resulte nuevo. Hablar sobre la historia de esta villa siempre ha sido uno de mis entretenimientos preferidos, así que allá voy.

Sobre los nombres  y origen de una ciudad

San Sebastián, Donostia en euskera, es una ciudad situada al norte de la península española, en la costa del Golfo de Vizcaya, a veinte kilómetros de distancia de la frontera con Francia. Capital de la provincia de Guipúzcoa desde 1854, año en que la Villa de Tolosa —lo fue durante dos lustros— cesa en esta actividad. Supongo que este dato será desconocido para algunos habitantes de la zona.

“J´aime le Pays Basque”,  dicen los turistas franceses que nos visitan cada verano.”Basque Country is good”, dicen los ingleses cuando salen de nuestras playas con una sola imagen en su mente: los pintxos de la Parte Vieja.

Euskal Herria, decimos aquí. Somos vascos, ni mejores ni peores, pero somos lo que somos y orgullosos de ello. Y el que nos visita se va con una sonrisa y ganas de volver.

San Sebastián fue conocida por tres nombres en la antigüedad. Izurun, Irutxulo, —nombre que significa tres agujeros, y que hace alusión a las tres playas que conforman  su litoral: La Zurriola, la Concha y Ondarreta— y  La  Bella Easo,  denominación esta última, derivada de Oiasso, antigua ciudad romana supuestamente erigida en la ubicación de la actual. El origen de la Villa  se sitúa en el asentamiento humano creado alrededor del monasterio de San Sebastián,  construido en el centro de la Bahía del Antiguo gracias a  una donación del rey navarro Sancho el Mayor al monasterio de Leire (Navarra).

Este pequeño punto geográfico fue creciendo en relevancia debido a sus actividades económicas centradas primordialmente en la pesca de la ballena y en la comercialización de sus productos.

En 1101 le fue otorgada la carta-puebla de manos del monarca navarro, Pedro I, nombrándola Villa por su interés geográfico y estratégico.

Una de Santos

En 1597 la villa se vio seriamente afectada por una epidemia de peste. En aquella época, la población rendía culto a San Roque y a San Sebastián,  y se les honraba  con sendas procesiones en las que participaban *txistus y tamboriles. Era tan grave la situación  que organizaron rogativas a ambos santos y parece ser que San Roque no se tomó muy en serio su labor, siendo el santo de **Ostia el que obró el milagro. A partir de ese momento, San Sebastián fue considerado único patrón de la Villa, excluido  y caído en desgracia el santo que haciendo honor a su nombre, debió de quedarse dormido.

Si bien esta historia pueda considerarse como antecedente de la fiesta patronal de la Villa, cobra mayor peso la que se traduce como consecuencia de la tradición de ocupación que San Sebastián ha arrastrado consigo desde la época de la construcción del Castillo de La Mota por el rey Sancho el Mayor de Navarra. Y también, cómo no, por su tradición carnavalesca, ya que el donostiarra  kaxkariña (frívolo, ligero de cascos) se ha distinguido por su afición al disfraz y al baile.

 Historia militar, reconstrucción y fiesta

Las largas y sucesivas ocupaciones que sufrió la Villa a través de los siglos le han inferido cierto toque militar en sus festejos, como se puede colegir de los trajes y la música marcial compuesta por el Maestro Sarriegui.

Cocineros, panaderos, cantineras y aguadoras observaban una frenética actividad suministrando y avituallando a las guarniciones que periódicamente se pertrechaban en el Castillo. Los últimos estertores de la ocupación napoleónica en tierras españolas trajeron la desgracia a la pacífica ciudad costera. Una guarnición del ejército francés se atrincheró en el Castillo  en su retirada a Francia, pues San Sebastián era considerada punto estratégico. Llegaron a mantener una relación pacífica con los habitantes del enclave, basada en una especie de entente cordiale tácito.

Hasta la trágica noche en la que los cañones de la artillería naval del Duque de Wellington apuntaron a sus murallas.

Cementerio de los Ingleses, Monte Urgull. Foto de Lissaphoto. Subida a Pinterest.
Cementerio de los Ingleses, Monte Urgull.
Foto de Lissaphoto. Subida a Pinterest.

El 31 de Agosto de 1813 el ejército aliado comandado por Wellington destruyó la Villa tras varios días de asedio, aniquilando a su población. Días más tarde los supervivientes iniciaron las reuniones para su reconstrucción. El lugar elegido para las reuniones fue un caserío en Zubieta, pequeño núcleo rural perteneciente a Lasarte, población conocida hoy en día por sus carreras de caballos. Los notables de Zubieta,  así se les ha llamado dada su extracción social, iniciaron  la reconstrucción de San Sebastián y medio siglo más tarde y tras el derribo de las murallas, la burguesía, que no se contentaba con la Parte Vieja como imagen de la ciudad, contrató al arquitecto madrileño Antonio Cortázar, quien diseñó la ciudad tal y como la conocemos hoy en día. La nueva zona se extendería desde la calle Aldamar, en la Parte Vieja, hacia la Avenida de la Libertad. Estamos hablando de lo que posteriormente se llamó el Ensanche Cortázar, considerado todavía hoy una referencia en la urbanística moderna europea.

Todo este dolor y destrucción se torna fiesta a partir del 19 de enero de 1836, víspera del día de San Sebastián, fecha en la que se da inicio a la Tamborrada como festejo patronal. Se cuenta que la población civil salía a la calle a protestar con ollas y barriles, haciendo ruido para llamar la atención de los que suponían sus salvadores. Así surge esta fiesta, tan emocionante para los donostiarras,  en la que cocineros, aguadoras y militares de los distintos bandos recorren la ciudad durante 24 horas en las que no se escucha otra música que las marchas del Maestro Sarriegi y el redoble de miles de  tambores de las sociedades, que cada año se multiplican.

La Tamborrada en la Plaze Constitución. Izada de la bandera por la sociedad Gaztelubide. Banderas de la Capitalidad Cultural.
La Tamborrada en la Plaza Constitución. Izada de la bandera por la sociedad Gaztelubide. Banderas de la Capitalidad Cultural.

Lugares a destacar

Si vienes a conocer la ciudad, te animo a que hagas este recorrido, eso sí, ayudado de un pequeño mapa urbano, así podré ahorrar en instrucciones y centrarme en las partes de la ciudad que en mi opinión debes visitar.

Donostia se extiende de monte a monte. Desde el monte Igueldo hasta el monte Ulía.

En las faldas del primero encontrarás el famoso grupo escultórico “El Peine del Viento” del escultor Eduardo Chillida y el arquitecto Luis Peña Ganchegui. Bajo su sombra se extiende la playa de Ondarreta que da inicio al barrio del Antiguo, donde en tiempos se encontraba el anteriormente citado monasterio de San Sebastián. Siguiendo el paseo de Ondarreta nos encontramos en Miraconcha, zona desde cuya parte alta nos observa el palacio de Miramar, construcción de tipo inglés donde hoy se imparten los cursos de verano de la Universidad del País Vasco.

Seguimos andando y nos internamos en Alderdi Eder (Zona  Hermosa) con la playa de La Concha a nuestra izquierda, en el centro de cuya bahía se encuentra, pequeña y recoleta, la isla de Santa Clara. Los jardines  y  tamarindos que jalonan este paseo justifican el nombre de tan bello paraje. Luego el Naútico, el puerto, el Aquarium y el salvaje Paseo Nuevo, tantas y tantas veces destruido por las olas, pero siempre en pie gracias a las rápidas iniciativas municipales y al bolsillo de los habitantes de la ciudad. Ya se sabe, los donostiarras venimos de una “estirpe de reconstructores”.

A todo esto, no olvidemos que tanto el puerto como la parte Vieja —donde llenaremos nuestros estómagos con exquisitos pintxos y raciones y vaciaremos, de nuevo, los bolsillos— se encuentran bajo el amparo del monte Urgull, lugar más que atractivo por las ruinas  del Castillo de la Mota, su vegetación, la pequeña ermita marinera y el Sagrado Corazón  que lo corona. Al otro lado del monte y tras dejar atrás el Paseo Nuevo que lo circunda, salimos al puente del Kursaal,  que nos acercará al Palacio de Congresos y Auditorio del mismo nombre construido por Moneo y que sustituye al añorado Casino Kursaal, un prodigio de la arquitectura decimonónica que desapareció víctima de la especulación urbanística. Pero esa es otra historia…

La cuestión es que hemos entrado en el barrio de Gros, dejando a nuestras espaldas el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, —elegantes construcciones de finales del siglo XIX—, y podemos contemplar la playa más salvaje de la ciudad: La Zurriola, paraíso de surfistas y amantes del parapente. Al fondo del largo paseo, un barrio con solera: Sagües, en cuyo final, la punta de Monpas nos desvela sus secretos flysch cuando la pleamar hace su aparición.

Para finalizar con esta breve, pero intensa turné por la Bella Easo, os diré que además del Aquarium y de la sala de Exposiciones del Kursaal, tenemos un precioso Museo Naval en el Puerto, donde podremos conocer la historia ballenera de la ciudad, y el famoso Museo San Telmo, con la muestra más importante de restos paleontológicos vascos, su diáfano claustro y la capilla cubierta por los frescos del pintor catalán Josep María Sert.

Y quizás me deje cosas en el tintero, como su gastronomía, su Jazzaldia, la Quincena Musical y el glamuroso Zinemaldia, las fiestas de la Semana Grande, las Regatas, la feria de Santo Tomás, los San Juanes y tantos y tantos detalles que hacen que a esta ciudad, hace tan solo unas décadas, se la llamara por primera vez, la Perla del Cantábrico.

Txaro Cárdenas

* Instrumento  de viento autóctono parecido a la flauta.

** Done-Ostia: El Santo de Ostia.

 

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14 comentarios sobre “Historia de una ciudad

  1. Entiendo que estés orgullosa. Siempre he dicho que si tuviera que elegir otra ciudad en que vivir que no fuera Sevilla, esta sería San Sabastián. He recordado mucho buenos momentos leyendo este artículo tuyo, Txaro. Gracias.

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  2. Grandiosa y trágica historia lo de la destrucción del pueblo por el bombardeo de Wellington y después la historia de la peste y el cambio de nombre por el santo que sí ayudo.
    Se ve que es una bella región, precioso texto que le hace justicia.

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado la historia de mi ciudad. Es realmente hermosa, tanto por su enclave natural, como por su arquitectura. Y muy acogedora y accesible. La han llamado la Perla del Cantábrico por su belleza. Muchas gracias, Salvador, es un placer tenerte por aquí. ¡Un abrazo!

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  3. He visitado el País Vasco varias veces. Existe en mi una profunda emoción, de sus gentes y de su paisaje, de su pundonor y del abrazo que se siente por parte de de la ciudadanía. Durante mi etapa de
    militar obligado, un muchacho vasco me dijo que no le gustaba esta tierra…. La islas Canarias… Cual no sería mi sorpresa, cuando después de tres años, apareció en mi oficina pidiéndome ayuda. Bueno, nos hicimos definitivamente hermanos… Ojalá volvemos a vernos… Viva Euskadi y su gente !!

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  4. Completa y precisa historia de Donostia. San Sebastián, tu tierra. Visitar el país vasco es mi asignatura pendiente. Me apetece mucho descubrirlo. Después de leerte, ver tu tierra será una experiencia mucho mas intensa… Espero que sea muy pronto. Gracias. Eskerrak Txaro.

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