En www.moonmagazine.info, nos hemos reunido alrededor de la hoguera virtual de Villa Diodati para recordar el Bicentenario de la gestación oficial de Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley.

Una noche de terror en Revista MoonMagazine con las escritoras Anna María Villalonga y Empar Fernández, cuyos relatos No hay hombres lobo en la gran ciudad e Ictus se alejan del género negro para sumergirse de lleno en el infierno interno del lector, provocando esa sacudida emocional que identificamos con la luz de alerta del terror.

Me he atrevido a crear una pequeña distopía para su presentación.

Sobreviviendo a Diodati

Decimosexto día del sexto mes del año 2016. De nuevo, la oscuridad se extiende cubriéndolo todo. Pronto se instalará para siempre, lo sé. Tras los acontecimientos del invierno pasado, el sol es una estrella débil que no alcanza a iluminar las horas centrales del día. La vida se ha dejado vencer por el caos que, inmisericorde, ha devorado nuestro mundo. Ahora, el único objetivo es sobrevivir.

Hoy hemos empezado a quemar los muebles en el patio. El calor que despide la hoguera nos mantiene vivos en este verano que jamás será. Reunidos a su alrededor, intentamos domar el tiempo.

Anna María es la primera. Su mirada se pierde entre las llamas. En qué pensará.

«No hay hombres lobo en la gran ciudad».

Escuchamos.

No hay hombres lobo en la gran ciudad

Leer relato de Anna María Villalonga en Revista MoonMagazine

 

Nos miramos. Ya no estamos seguros de que no haya hombres lobo en esta ciudad. Tampoco tenemos el valor de averiguarlo.

Es el turno de Empar, le hago un gesto. Inspira profundamente y pronuncia una palabra: «Ictus».

Me estremezco.

Ictus

Leer relato de Empar Fernández en Revista MoonMagazine

 

Temo que escuchen el rugir de mi vientre.

Nuestro extraño invitado se levanta y entra en la casa. Trae un cuchillo de postre, romo, sin brillo. Se sienta y hurga con él entre los rescoldos. Sopla suavemente. El fuego se reaviva.

Llegó esta mañana, sin explicaciones, simplemente entró y nos dijo que huía del mar de hielo. No sabemos más de él, apenas habla, pero ha aceptado el juego. Camús, como lo llamamos entre nosotras, es exageradamente alto y corpulento, por su aspecto se diría que no es de este mundo aunque, últimamente, ya nada de lo que suceda a nuestro alrededor nos resulta extraño.

Es su turno.

«Debería ser tu Adán, pero soy tu ángel caído».

Camús cuenta su historia, pero no escucho. Tan solo espero mi momento.

Me clavan sus miradas. No me gusta. Soy consciente de su hambre, su silenciosa desesperación. La misma que ha hecho presa en mí. Intento tranquilizarme y me concentro en el relato que he preparado. Me levanto e inicio la narración. Con la mano derecha palpo el bolsillo de la cazadora.

«Y todo terminó».

Primero disparo a Anna María.

Camús sonríe.

 

Relatos de Empar, Anna y una asesina.

Mar de hielo, de Caspar David Friedrich

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