Hay noches en las que me encierro en la luna y empiezo a escribir de manera automática, como ahora. Es como si cogiera el coche por el mero placer de conducir, sin rumbo fijo, sin elegir destino. DonMoonde la luna me lleve. Me detengo unos segundos y me concentro para inspirarme, pero casi de inmediato, decido que no, que no necesito de las musas, ni siquiera de esta luna en cuyas dependencias me aíslo tan a menudo. Mis dedos recorren el  teclado, mi mirada evita el contacto con la pantalla, las ideas se deslizan sobre las palabras y así es como, en estos momentos, sin saber cómo va a terminar este monólogo dudo entre levantarme, fumar un cigarrillo mientras pienso en una historia que me subyugue o decidirme por fin a poner punto final a este desvarío.
Me decanto por la segunda opción.

 

Moon Naciente.

Revista MoonMagazine

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